Si alguna vez has dado la vuelta a la caja de un complemento alimenticio y te has encontrado con una lista de nombres impronunciables, porcentajes y siglas, no eres el único. La información está ahí, es obligatoria y es fiable. El problema es que nadie nos ha explicado nunca cómo leerla.
Esta guía es exactamente eso: cómo mirar una etiqueta y entender qué estás comprando.
1. Los ingredientes van por orden de cantidad
La lista de ingredientes no está puesta al azar. Va de mayor a menor cantidad. El primero es el que más pesa en el producto; el último, el que menos.
Esto tiene una consecuencia práctica: si lo que buscas aparece al final de una lista larga, probablemente haya muy poco. Y si lo primero que ves es un «agente de carga», significa que buena parte del comprimido es material de relleno necesario para darle forma. Es normal y no tiene nada de malo, pero conviene saberlo.
2. «Extracto seco» no es lo mismo que «planta en polvo»
Esta es probablemente la distinción que más dinero te puede ahorrar.
- Planta en polvo es, literalmente, la planta molida. Barata de producir, y la concentración de los compuestos que te interesan es la que la naturaleza haya querido.
- Extracto seco es el resultado de un proceso de extracción y concentración. Se parte de una cantidad grande de planta y se obtiene una fracción concentrada.
Cuando una etiqueta dice extracto seco de semilla de cardo mariano, te está diciendo que ha habido un proceso detrás. Cuando dice simplemente cardo mariano, quizá no.
3. La cantidad tiene que estar a la vista
Aquí está el punto clave, y el que más se descuida.
Un producto puede presumir de llevar un ingrediente en la parte delantera de la caja y no decirte en ninguna parte cuánto lleva. Si la cantidad no aparece, no hay forma de saber si te aporta algo o si está ahí de adorno.
Una etiqueta seria te dice, por dosis diaria, cuántos miligramos de cada activo estás tomando. Por ejemplo, en Regis H Silimarina, dos comprimidos aportan 196 mg de extracto de cardo mariano, 166 mg de extracto de agrimonia y 166 mg de extracto de ortiga blanca. Están las tres cifras, en la caja, sin buscar.
Compara siempre por dosis diaria, no por comprimido. Un producto que pide cuatro cápsulas al día y otro que pide una no son comparables si miras la cápsula suelta.
4. El %VRN: la columna que casi nadie mira
Junto a las vitaminas y minerales verás un porcentaje llamado %VRN (Valor de Referencia Nutricional). Te dice qué proporción de la ingesta diaria de referencia cubre esa dosis.
Un 100 % de vitamina E significa que esa toma cubre la referencia diaria completa. Un 15 % significa que cubre una parte pequeña.
Y aquí viene el dato que casi nadie conoce: por debajo del 15 % del VRN, la ley europea no permite ni siquiera mencionar ese nutriente como argumento. Es decir, si un producto lleva una pizca de vitamina C solo para poder ponerla en la caja, no puede legalmente atribuirle ningún efecto. El %VRN es tu forma de detectarlo.
En Regis Cardio 2.0, por ejemplo, la vitamina C está al 125 % del VRN, la vitamina A al 125 %, la vitamina E al 100 %, el selenio al 91 % y el zinc al 85 %. Son cifras que puedes contrastar con la etiqueta.
5. Las frases de salud no son libres
Puede que te hayas fijado en que algunas cajas dicen cosas como «la tiamina contribuye al funcionamiento normal del corazón», con una redacción que suena curiosamente rígida.
No es casualidad. En la Unión Europea existe una lista cerrada de declaraciones de salud autorizadas (Reglamento 432/2012), y solo se pueden usar esas, con esa redacción, y solo si el producto aporta suficiente cantidad del nutriente en cuestión.
Todo lo demás está prohibido. Un complemento alimenticio no puede decir que cura, previene ni trata ninguna enfermedad, porque no es un medicamento.
Esto te da una herramienta de criterio muy potente: si un producto te promete curar algo, te está mintiendo o está incumpliendo la ley. En ambos casos, desconfía.
Lo verás también al revés: hay ingredientes botánicos de larga tradición sobre los que, sencillamente, no existe declaración autorizada. Un fabricante honesto no te promete nada sobre ellos. Te dice qué lleva, cuánto lleva, y te deja decidir.
6. Lee las advertencias antes que el titular
Al final de la etiqueta, en letra pequeña, está lo que más te conviene leer:
- Alérgenos, destacados en negrita. Si un producto contiene pescado, marisco, soja o frutos secos, tiene que decirlo. Regis Cardio 2.0, por ejemplo, contiene aceite de salmón, y por tanto pescado.
- Origen de las cápsulas. Una perla de gelatina bovina no es apta para vegetarianos.
- Contraindicaciones. Embarazo, lactancia, edad pediátrica, interacciones. Si dudas, consulta con tu médico o farmacéutico, sobre todo si tomas medicación de forma habitual.
- Registro sanitario (RGSEAA). Es el número que acredita que el producto está registrado ante las autoridades sanitarias españolas. Todos los productos Regis Global llevan el suyo: RGSEAA 26.11112/B.
Un resumen de bolsillo
Cuando tengas una caja en la mano:
- ¿La lista de ingredientes empieza por lo que compro o por relleno?
- ¿Pone extracto seco o solo el nombre de la planta?
- ¿Me dice cuántos miligramos por dosis diaria?
- ¿Los %VRN están por encima del 15 %, o son testimoniales?
- ¿Las frases de salud suenan oficiales o suenan a promesa?
- ¿He leído los alérgenos y las advertencias?
Seis preguntas, treinta segundos. Y una forma bastante fiable de saber si tienes delante un producto que se toma en serio a sí mismo.
Los complementos alimenticios no deben utilizarse como sustitutos de una dieta variada y equilibrada ni de un modo de vida sano. No superar la cantidad diaria recomendada. Ante cualquier duda, consulta con un profesional sanitario.